Decir “Galicia calidade” es usar un término manido pero muy acertado. La primera parada de la Jalapeños Tour no pudo empezar con mejor pie, en uno de los puntos cardinales de la península, una tierra mítica, llena de amigos, familiares y gente con buen gusto, no sólo por la comida, sino también por la música (y no sólo música celta).
Nuestro “modus operandi” a la hora de emprender ruta fue muy sencillo, y es el que utilizaremos en toda la gira; que viene a ser, meternos todos los componentes más los demás componentes que formamos Durango14 en nuestra flamante súper-furgoneta de 9 plazas, hacer un sudoku magistral para que quepa todo el equipo que necesitamos, echar gasolina hasta que desborde el tanque y poner rumbo, cual trotamúsicos de Bremen, allá donde quieran recibir una buena dosis de surf&roll espeso.

Hubo momentos de risa, de sueño, de mucho sueño… de muchísimo sueño, donde podéis ver que caritas de buenos tenemos, lo cual no indica que lo seamos, pero a veces es más importante parecer que ser, ¿o no?
Bueno, yendo al “meollo” del asunto, y una vez el dichoso GPS se hubo encontrado a sí mismo, llegamos a Santiago (sí, así de rápido… margen de error de 6-7 horas)

Dejamos los bártulos en el local, en este caso la Cachán clube, un bar de lo más vintage, y nos dispusimos unos a buscar aparcamiento y otros a preparar las cosas para la prueba de sonido.
Aquí como siempre el que más tiempo necesita, para los pedales, es Ruri, quien aunque no los haya tocado nadie, cree a ciencia cierta (esto es un secreto) que hay “meigas” (dicen que haberlas, haylas) que le tocan los pedales cuando se da la vuelta, y se nos vuelve loco el hombre…
Pero una vez solventado el instante “no_puede_ser_meestáis_tocando_lospedales” pudimos realizar la prueba de sonido fetén, y tras la actuación que nos precedía, estábamos a full de energía para empezar el concierto!
PD: Mención especial a los amigos de SINTONIZANDO que hicieron una magnífica labor de promoción, y que ayudaron a que el local se llenara de gente.
Salimos muy contentos del bolo, para qué mentir, se había escuchado bien, estábamos satisfechos, así pues nos fuimos a celebrarlo a tomar algo por los bares del centro de Santiago (que vaya marcha llevan), aunque algunos iban más “achispados” que otros… y al final acabamos durmiendo, algunos vestidos o con el podcast de milenio3 (Pablo), pues sin la “angelical” voz de Iker Jiménez asegura no poder conciliar el sueño (rarezas de bajista). Cosas paranormales donde las haya, sobre todo si le sumamos el ruido infernal de las tripas de David, que parecía que tenían al mismísimo Kraken dentro del cuerpo… (bueno, un show).
Ni que decir tiene que al día siguiente, resacosix in Gallaecia, las caras llegaban hasta el suelo, aunque disfrutamos de una magnífica exposición de coches antiguos y tuvimos tiempo de hacer turismo… pero ni tras los cafés de turno ni tras la comida típica de aquellas latitudes fuimos capaces de recomponer fuerzas, así que, ni cortos ni perezosos, nos dedicamos a hacer “perroflautismo” y acabamos sobando (y algunos roncando) en un parque cercano a la Catedral… (descalzos, para más señas)… (eso sí, como somos señoritos artistas, no sin nuestros cojines) jeje.
Tras aquel providencial y reparador sueño, pusimos rumbo a Vigo, llegando a la hora del crepúsculo, donde nos esperaba la sala Contrabajo, un garito curioso, con muy buena acústica, donde se ofrecía una fiesta hawaiana y se servían perritos calientes con la entrada.
Además de esta peculiaridad, no podemos obviar decir que compartimos cartel con, posiblemente uno de los tíos mas bizarros que hemos visto en mucho tiempo, Dj Tiki Gramola, quien, a pecho descubierto (pecho lobus hispánicus) y con máscara se marcó temazo tras temazo una sesión surfera de calidad y personalidad, casi tanta como derrochaba el con su capa de jugador de lucha libre.
Bien, llenos los ojos de experiencias tan singulares, y cansados de comer perritos calientes como si la Tierra fuera a colapsar al día siguiente, recogemos bártulos y nos vamos, nunca mejor dicho, “con la música a otra parte” y emprendemos lo que será un laaaaaaaaa(aaaaaa)aaaargo camino de vuelta a casa, donde acabamos durmiendo por tandas, a veces con Milenio3 de fondo, otras con un disco antiguo de rock, o en un silencio que parecía que estábamos medio flotando, y que terminó cuando un sol de justicia nos abofeteó en plena cara nada más llegar a la comunidad de Madrid… aquí, la “estampa de la carretera” era Pablo, quien con una melena leonina (las chicas sabéis a que me refiero) y con unos ojos que parecían “dos puñalás en un cartón”, hacía acto de presencia para confirmar que, efectivamente, seguía entre nosotros… tras lo cual volvió a dormirse como un bendito.
En breve recalculamos ruta para seguir con Jalapeños Tour por la geografía española, las próximas paradas son Palencia y Aranda de Duero… y por lo que parece en esta primera entrega de “historias de una banda, para no dormir” seguramente tengamos material para haceos otra crónica interminable de acontecimientos!
Os dejamos algunas fotos del fin de semana
¡abrazos surferos!





